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Según nuestras leyendas, la brujería empezó hace más de treinta y cinco mil años, cuando la temperatura de Europa empezó a caer y los grandes mantos de hielo se extendieron lentamente hacia el Sur en su último avance. En la rica tundra, entremezclándose con la vida animal, pequeños grupos de cazadores seguían a los renos que corrían libres y a los estruendosos bisontes. Estaban armados únicamente con las armas más primitivas, pero algunos de los miembros de los clanes tenían un don y podían "llamar" a las manadas para que acudieran a un precipicio o a una trampa donde los animales, en un sacrificio espontáneo, se dejaban atrapar. Estos sabios chamanes podían sintonizar con los espíritus de las manadas y, al hacerlo, eran conscientes del ritmo pulsante que infunde toda vida, la danza de la doble espiral, del girar hacia adentro y del volver a girar hacia a fuera. No expresaban esta comprensión intelectualmente, sino en imágenes: la Diosa Madre, la dadora de vida, que trae toda vida a la existencia; y el Dios Enastado, cazador y cazado, que atraviesa eternamente las puertas de la muerte para que la nueva vida pueda continuar.
Los hombres chamanes se vestían con pieles y cuernos identificándose con el Dios y las manadas, pero las sacerdotisas mujeres presidían desnudas, encarnando la fertilidad de la Diosa. La vida y la muerte eran una corriente continua: los muertos eran enterrados como si estuvieran durmiendo en un útero, rodeados de sus herramientas y ornamentos, para que pudieran despertar a una nueva vida. En las cuevas de los Alpes, se colocaban los cráneos de los grandes hombres en los nichos, donde se pronunciaban oráculos que guiaban a los clanes en el juego. En las charcas de las tierras bajas, las hembras de los renos, con las barrigas llenas de piedras que representaban a las almas de los venados, eran sumergidas en las aguas del vientre de la Madre para que las víctimas renacieran.
En Oriente (en Siberia y Ucrania), la Diosa era la Dama de los Mamuts; se la tallaba en piedra con grandes curvas hinchadas que representaban los dones de la abundancia. En Occidente, en los grandes templos de las cuevas del sur de Francia y España, sus ritos se celebraban en las profundidades de los vientres secretos de la Tierra, donde sus grandes fuerzas polares eran pintadas como bisontes y caballos, superpuestos, emergiendo de las paredes de la cueva como espíritus de un sueño.
La danza en espiral también se veía en el cielo; en la luna, que muere cada mes y vuelve a nacer; en el sol, cuya luz creciente trae el calor el verano y cuya disminución trae el frío del invierno. Los registros del paso de la luna eran rascados en hueso, y la Diosa era representada sosteniendo un cuerno de bisonte, que es también la luna creciente.
El hielo se retiró. Algunos clanes siguieron al bisonte y al reno hacia el Norte lejano. Algunos pasaron por el puente de tierra de Alaska y llegaron hasta las Américas. Aquellos que permanecieron en Europa se dedicaron a la pesca y la recolección de plantas salvajes y de marisco. Los perros vigilaban los campamentos, y se perfeccionaban nuevas herramientas. Quienes poseían el poder interior aprendieron que éste aumentaba cuando trabajaban juntos. A medida que los asentamientos aislados se fueron convirtiendo en aldeas, los chamanes y las sacerdotisas unieron sus fuerzas y compartieron sus conocimientos. Se formaron las primeras asambleas de brujos. En profunda armonía con la vida vegetal y animal, domesticaron lo que antes cazaban y criaron ovejas, cabras, vacas y cerdos a partir de sus primos salvajes. Las semillas ya no sólo se recolectaban; se plantaban para que crecieran ahí donde eran colocadas. El Cazador se convirtió en el Señor del Grano, sacrificado cuando es cortado en otoño, enterrado en el vientre de la Diosa y renacido en primavera. La Dama de las Cosas Salvajes se convirtió en la Madre Cebada y los ciclos de la luna y el sol marcaron las épocas de siembra, cosecha y de salir a pastar. Las aldeas crecieron convirtiéndose en los primeros pueblos y ciudades. La Diosa era representada en las paredes enyesadas de los lugares de adoración, dando luz al Niño Divino: su consorte, hijo y semilla. El extenso comercio trajo el contacto con los misterios de África y Asia Occidental.

En las tierras que antes habían estado cubiertas de hielo, un nuevo poder fue descubierto, una fuerza que corre como manantiales de agua en la Tierra misma. Las sacerdotisas descalzas localizaron las líneas "energéticas" en la hierba nueva. Se descubrió que ciertas piedras aumentan el fluir del poder y fueron colocadas en los puntos adecuados en grandes líneas y círculos que señalan los ciclos del tiempo. El año fue convertido en una gran rueda dividida en ocho partes: los solsticios y equinoccios y los días entre ambos, cuando se celebraban grandes fiestas y se encendían las fogatas. Con cada ritual, con cada rayo de sol y brillo de la luna que caía sobre las piedras en las épocas de poder, la fuerza aumentaba. Se convirtieron en grandes depósitos de energía sutil, en puertas entre los mundos visible e invisible. Dentro de los círculos, junto a los menhires, los dólmenes y las tumbas de paso, las sacerdotisas podían investigar los secretos del tiempo y la estructura oculta del cosmos. Las matemáticas, la astronomía, la poesía, la música, la medicina y la comprensión del funcionamiento de la mente humana se desarrollaron junto con el conocimiento popular de los misterios más profundos.
Pero, más adelante, se desarrollaron culturas que se dedicaron a las artes de la guerra. Oleada tras oleada de invasiones indoeuropeas barrieron Europa a partir de la Edad de Bronce. Los Dioses Guerreros condujeron Europa a los pueblos de la Diosa lejos de las fértiles tierras bajas, hasta las colinas y las altas montañas donde se les conoció como Sidhe, los Pictos o Duendecillos, los Seres Sobrenaturales o las Hadas. El ciclo mitológico de Diosa y Consorte, Madre y Niño Divino, que había dominado durante treinta mil años, fue cambiado para adaptarse a los valores de los patriarcados conquistadores. En Grecia, la Diosa, en sus diversas manifestaciones, se "casó" con los nuevos dioses: el resultado fue el Panteón Olímpico. En las Islas Británicas los celtas victoriosos adoptaron muchas características de la Religión Antigua, incorporándolas a los misterios druidas.
Las Hadas, criando ganado en las montañas rocosas y viviendo en chozas redondas cubiertas de turba, preservaron la Religión Antigua. Las madres del clan, llamadas "Reinas de Elfame", que significa Tierra de los Elfos, dirigían las asambleas de brujos junto con el sacerdote, el Rey Sagrado, que encarnaba al Dios moribundo y sufría una falsa muerte ritualizada al final del periodo de ejercicio. Celebraban las ocho fiestas de la Rueda en procesiones salvajes a caballo, cantando, recitando y encendiendo fuegos rituales. Los invasores solían unirse a ellos; se asociaban con ellos, había matrimonios mixtos y se decía que muchas familias rurales tenían "sangre de Hadas". Los Colegios de los druidas y los Colegios Poéticos de Irlanda y Gales preservaron muchos de los antiguos misterios.
Al principio, el cristianismo trajo pocos cambios. Los campesinos vieron en la historia de Cristo únicamente una nueva versión de sus propias leyendas de la Diosa Madre y su Niño Divino que es sacrificado y luego renace. Los sacerdotes del campo solían conducir la danza en los Sabbats o grandes festivales. Las asambleas de brujas, que preservaban el conocimiento de las fuerzas sutiles, se llamaban Wicca o Wicce, de la palabra de raíz anglosajona que significaba "torcer o dar forma". Había quienes podían dar forma a lo invisible a voluntad. Sanadoras, maestras, poetas y comadronas, eran las figuras centrales en toda la comunidad.

La persecución se inició lentamente. Los siglos doce y trece vieron un renacimiento de los aspectos de la Antigua Religión a través de los trovadores, quienes escribían poemas de amor a la Diosa bajo el disfraz de las damas nobles de la época. Las magníficas catedrales fueron construidas en honor a María, quien había adquirido muchos de los aspectos de la antigua Diosa. La brujería fue declarada un acto herético, y en 1324 una asamblea de Brujas dirigida por la Dama Alice Kyteler fue juzgada por el Obispo de Ossory por adorar a un dios no cristiano. La Dama Kyteler fue salvada por su rango, pero sus seguidoras fueron quemadas.
Guerras, Cruzadas, plagas y revueltas campesinas se desencadenaron por toda Europa en los siglos siguientes, Juana de Arco, la "Doncella de Orleans", condujo a los ejércitos de Francia hacia la victoria, pero fue quemada como Bruja por los Ingleses. "Doncella" es un término de gran respeto en la brujería, y se ha insinuado que los campesinos franceses querían tanto a Juana porque era, en realidad, una conductora de la Religión Antigua. La estabilidad de la Iglesia medieval fue sacudida y el sistema feudal empezó a venirse abajo. El mundo cristiano fue víctima de movimientos mesiánicos y revueltas religiosas y la Iglesia ya no podía tolerar con calma a sus rivales.
En 1484, la bula papal de Inocencio VIII desató el poder de la Inquisición contra la Religión Antigua. con la publicación del Malleus Maleficarum, "El Martillo de las Brujas", de los dominicos Kramer y Sprenger en 1486, se sentaron las bases para el reino del terror que se llevaría a cabo en toda Europa hasta bien entrado el siglo diecisiete. La persecución estaba dirigida con más fuerza contra las mujeres de los aproximadamente nueve millones de Brujas ejecutadas, un ochenta por ciento eran mujeres, incluidas niñas y muchachas, pues se creía que heredaban el "mal" de las madres. En algunas secciones de la Iglesia, el ascetismo del cristianismo inicial que le dio la espalda al mundo de la carne había degenerado en odio hacia quienes daban vida a esa carne. La misoginia, el odio hacia las mujeres, se había convertido en un elemento fuerte en el cristianismo medieval. Las mujeres, que menstrúan y dan a luz, eran identificadas con la sexualidad y, por ende, con el mal. "Toda brujería surge del deseo carnal, que en las mujeres es insaciable", afirmaba el Malleus Maleficarum.

El terror era indescriptible. Una vez denunciada por cualquiera, desde un vecino rencoroso hasta un niño intranquilo, la persona sospechosa de ser Bruja era arrestada repentinamente, sin previo aviso, y no se le permitía volver a casa. Se la consideraba culpable hasta que se demostrara lo contrario. Una práctica habitual era arrancarle la ropa a la sospechosa dejándola desnuda, afeitarla por completo con la esperanza de encontrar "marcas" del Diablo, que podían ser lunares o pecas. Con frecuencia, si se pinchaba a la acusada con agujas largas y afiladas por todo el cuerpo: se decía que en los puntos donde el Diablo había tocado no se sentía dolor. En Inglaterra, la "tortura legal" no estaba permitida, pero a los sospechosos se les privaba del sueño y eran obligados a morir de hambre lentamente antes de ser ahorcados. En el Continente, se practicaron todas las atrocidades imaginables (el potro, las empulgueras, los "puntapiés" que rompen los huesos de las piernas, palizas viciosas), toda la lista de horrores de la Inquisición. Los acusados eran torturados hasta que admitían su asociación con Satán, haber realizado una prácticas oscuras y obscenas que nunca formaron parte de la verdadera brujería. De la manera más cruel, eran torturados hasta que nombraban a otras personas, hasta que se conseguía la cuota completa de una asamblea de trece brujas. La confesión hacía a la persona merecedora de una muerte compasiva: la estrangulación antes de la hoguera. Los sospechosos que mantenían su inocencia eran quemados vivos.

A los cazadores de Brujas y a los informadores se les pagaba por condena, y muchos encontraban que era una profesión lucrativa. La clase médica emergente le dio un buen recibimiento a esta oportunidad para acabar con las comadronas y los herbolarios del pueblo, sus mayores competidores económicos. Para otros, los juicios a Brujas ofrecían la oportunidad de librarse de las "mujeres engreídas" y de los vecinos que no les gustaban. Las propias Brujas dicen que muy pocas de las personas que fueron juzgadas durante la época de la Quema pertenecían realmente a las asambleas de Brujas o eran miembros del Oficio. Las víctimas eran los ancianos, los seniles, los enfermos mentales, las mujeres cuyo aspecto no era agradable o que tenían alguna minusvalía, las bellezas del pueblo que habían herido egos equivocados al rechazar insinuaciones, o que habían despertado el deseo de un sacerdote célibe o un hombre casado. Los homosexuales y los libres pensadores caían en la misma red. A veces, se ejecutaba a cientos de víctimas en un mismo día. En el Obispado de Trier, en Alemania dos pueblos fueron dejados con sólo una mujer soltera viva en cada uno de ellos después de los procesos de 1585.
Las Brujas y las Hadas que pudieron escapar lo hicieron a las tierras a las que la inquisición no llegaba. Algunas pueden haber emigrado a América. Es posible que una auténtica asamblea de Brujas se reuniera en los bosques de Salem antes de los juicios, que en realidad marcaron el final de la persecución activa en este país. Algunos estudiosos creen que la familia de Samuel y John Quincy Adams eran miembros del culto megalítico del "Dragón", el cual mantenía vivo el conocimiento del poder de los círculos de piedra. Ciertamente, el espíritu independiente de la brujería es muy similar al de muchos de los ideales de los "Padres Fundadores" (de USA); por ejemplo, la libertad de expresión y de culto, el gobierno descentralizado y los derechos de los individuos en lugar de los derechos divinos de los reyes.

 

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Última modificación: 28 de julio de 2017